Misioneras del Santísimo Sacramento y
María Inmaculada

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LOS DESAFÍOS:

Lo que viven los jóvenes, documentado por la investigación, no es simplemente un dato para tomar nota. Quien lo lee, partiendo de una mentalidad educativa y pastoral descubre en ello signos que interrogan y provocan. Son como una especie de petición implícita de condiciones que hay que asegurar y desafíos a tener en cuenta. Recordaré algunas, entre tantas, porque las considero especialmente urgentes.

  1. La fuerza de la educación. La consolidación y el desarrollo de la capacidad de invocación son un típico problema educativo. Quiero decir que están en relación con la calidad de vida y el influjo del ambiente cultural y social en que se desarrolla. La educación de la experiencia religiosa pasa, por tanto, a través de la educación: la educación de la vida y el servicio a su maduración según el modelo de crecimiento en huma¬nidad que he indicado en la experiencia de invocación.

  2. Un problema de calidad de vida: una confrontación con la cultura. Para decir algo que signifique vivir auténticamente nuestra humanidad, es indispensable la confrontación con las varias propuestas que hoy se persiguen en el crisol de las culturas actuales.

    Los cristianos tienen una experiencia de existencia, que reconocen como normativa para toda investigación: la historia de Jesús de Nazaret, narrada por la fe de sus discípulos, en la Iglesia. Por eso, en toda investigación sobre la calidad de vida, acogemos como irrenunciable la confrontación y el intercambio con todos aquellos que tienen algo que ofrecernos y, al mismo tiempo, asumimos como criterio interpretativo, último y normativo, la inspiración evangélica.

    Este nos parece el modo más auténtico de hacer cultura.

    Dicha convicción requiere una doble exigencia que está en la raíz de la propuesta:

    • la cultura actual y los cambios profundos que se dan en ella precisan que se compruebe todo proyecto pastoral para no correr el riesgo de dar por normativo lo que no es más que un residuo nostálgico del pasado; es indispensable releer la cultura actual en todas sus expresiones, a partir de la «memoria peligrosa» de nuestra tradición y experiencia pastoral, para insertar en el corazón de lo existente un principio de valoración y de crítica.

  3. Redescubrir el tiempo como discontinuidad. Desde muchos puntos se invoca la necesidad de proyectar intervenciones educativas capaces de ayudar a los jóvenes a salir de la prisión de una subjetividad exasperada y totalizadora.

    También la investigación de la que hablábamos antes confirma la urgencia de actuar en este sentido, dejando entrever una salida interesante: la gestión «discontinua» del tiempo.

    Por una parte, resulta urgente ayudar a los jóvenes a redescubrir la complejidad del fluir del tiempo, para no reducir todo al presente, rompiendo los puentes con el pasado y bloqueando toda perspectiva de futuro.

    Por otra, hoy parece necesario ayudar a los jóvenes a percibir que, en el fluir de la vida, existen tiempos diferentes, con ritmos, exigencias e influencias distintas. Como el compromiso exige tiempo de preparación, de espera, de realización y de verificación, así en la vida hay momentos formativos y momentos operativos, momentos fuertes y otros de rutina, tiempos especiales y tiempos normales.


    La investigación confirma todo esto a nivel de problemas y a nivel de realizaciones positivas.

  4. Lugares para experimentar. Muchos de los pro¬blemas con que nos encontramos, aunque sean clara¬mente de orden cultural, tienen raíces estructurales.

    La constatación, si es verdadera, reduce a escasos resultados los esfuerzos realizados solamente por la buena voluntad o por el renovado coraje de proponer.

    En cambio, la buena voluntad y el coraje de proponer han de colocarse a nivel estructural: creando lugares para hacer experiencias de algo alternativo, para experimentar «historias» comunitarias de vida y de esperanza, significativas y transmisibles.

    Estos lugares son los «normales» de la vida, y también los «especiales». La investigación señala entre los primeros la fuerza educativa del oratorio (o como quiera que se llame esta realidad de convivencia juvenil) y del grupo.

  5. Una llamada a los adultos. De la investigación surgió una fuerte llamada dirigida a los adultos; a su presencia y a la función que pueden ejercer.

    Hubo un tiempo en que el adulto tenía que pedir permiso para que los jóvenes lo aceptasen; ahora es deseado y esperado.

    Pero algunas condiciones son perjudiciales y no nos permiten una generalización indebida de esta exigencia. Son apreciados los adultos que saben acoger, y expresan el significado de su presencia no como una «revancha» ni como nueva propuesta de viejos esquemas, sino como «testimonio» (pobre... pero convencido) de la llamada a la responsabilidad y de la restitución madura de protagonismo.

    En otras palabras, emerge la necesidad de «hacer propuestas» pero de un modo nuevo respecto de los modelos tradicionales.

  6. Escuchando a los jóvenes. La investigación fue una experiencia agradable para los jóvenes, sobre todo por la fórmula que se utilizó «<narrarse» por medio de la historia de la propia vida). Por tanto, no sólo presenta una exigencia, muy señalada, sino que indica también el camino para realizada.

    La experiencia debe continuar en las comunidades eclesiales, para restituir el protagonismo, narrando y narrándose.

    Hay que decir que mucho de esto existe ya y hay mucho que se va inventando con valentía, fantasía y urgencia.

PERSPECTIVAS DE ACCIÓN

Una reflexión pastoral, como ya dijimos, no se limita a constatar, sino que, bajo la influencia de los hechos, procura preparar proyectos.

Las páginas siguientes responden a esta exigencia. Son una especie de largo itinerario educativo hacia la invocación, pensado bajo la urgencia de los desafíos que nos presentan los hechos.

Esta propuesta no ha de interpretarse como un camino obligatorio, que todos han de recorrer. Al contrario, se trata de una indicación de ciertas preocupaciones educativas, que cada comunidad tendrá que rescribir después, si las comparte, a la medida de las necesidades concretas de los jóvenes con los que trabaja y sobre los ritmos con que pueda contar operativamente.

El hecho de querer trazar solamente un mapa de trabajo, justifica la decisión de sugerir perspectivas y estrategias de un estilo tan sintético que casi parecen un índice razonado.

 

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