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LOS DESAFÍOS:
Lo que viven los jóvenes, documentado
por la investigación, no es simplemente un dato para
tomar nota. Quien lo lee, partiendo de una mentalidad educativa
y pastoral descubre en ello signos que interrogan y provocan.
Son como una especie de petición implícita
de condiciones que hay que asegurar y desafíos a
tener en cuenta. Recordaré algunas, entre tantas,
porque las considero especialmente urgentes.
-
La fuerza de la educación.
La consolidación y el desarrollo de la capacidad
de invocación son un típico problema educativo.
Quiero decir que están en relación con la
calidad de vida y el influjo del ambiente cultural y social
en que se desarrolla. La educación de la experiencia
religiosa pasa, por tanto, a través de la educación:
la educación de la vida y el servicio a su maduración
según el modelo de crecimiento en huma¬nidad
que he indicado en la experiencia de invocación.
-
Un problema de calidad
de vida: una confrontación con la cultura. Para
decir algo que signifique vivir auténticamente
nuestra humanidad, es indispensable la confrontación
con las varias propuestas que hoy se persiguen en el crisol
de las culturas actuales.
Los cristianos tienen una experiencia de existencia, que
reconocen como normativa para toda investigación:
la historia de Jesús de Nazaret, narrada por la
fe de sus discípulos, en la Iglesia. Por eso, en
toda investigación sobre la calidad de vida, acogemos
como irrenunciable la confrontación y el intercambio
con todos aquellos que tienen algo que ofrecernos y, al
mismo tiempo, asumimos como criterio interpretativo, último
y normativo, la inspiración evangélica.
Este nos parece el modo más auténtico de
hacer cultura.
Dicha convicción requiere una doble exigencia que
está en la raíz de la propuesta:
-
la cultura actual y
los cambios profundos que se dan en ella precisan
que se compruebe todo proyecto pastoral para no correr
el riesgo de dar por normativo lo que no es más
que un residuo nostálgico del pasado; es indispensable
releer la cultura actual en todas sus expresiones,
a partir de la «memoria peligrosa» de
nuestra tradición y experiencia pastoral, para
insertar en el corazón de lo existente un principio
de valoración y de crítica.
- Redescubrir el tiempo como discontinuidad.
Desde muchos puntos se invoca la necesidad de proyectar
intervenciones educativas capaces de ayudar a los jóvenes
a salir de la prisión de una subjetividad exasperada
y totalizadora.
También la investigación de la que hablábamos
antes confirma la urgencia de actuar en este sentido, dejando
entrever una salida interesante: la gestión «discontinua»
del tiempo.
Por una parte, resulta urgente ayudar a los jóvenes
a redescubrir la complejidad del fluir del tiempo, para
no reducir todo al presente, rompiendo los puentes con el
pasado y bloqueando toda perspectiva de futuro.
Por otra, hoy parece necesario ayudar a los jóvenes
a percibir que, en el fluir de la vida, existen tiempos
diferentes, con ritmos, exigencias e influencias distintas.
Como el compromiso exige tiempo de preparación, de
espera, de realización y de verificación,
así en la vida hay momentos formativos y momentos
operativos, momentos fuertes y otros de rutina, tiempos
especiales y tiempos normales.
La investigación confirma todo
esto a nivel de problemas y a nivel de realizaciones positivas.
- Lugares para experimentar. Muchos
de los pro¬blemas con que nos encontramos, aunque sean
clara¬mente de orden cultural, tienen raíces
estructurales.
La constatación, si es verdadera, reduce a escasos
resultados los esfuerzos realizados solamente por la buena
voluntad o por el renovado coraje de proponer.
En cambio, la buena voluntad y el coraje de proponer han
de colocarse a nivel estructural: creando lugares para hacer
experiencias de algo alternativo, para experimentar «historias»
comunitarias de vida y de esperanza, significativas y transmisibles.
Estos lugares son los «normales» de la vida,
y también los «especiales». La investigación
señala entre los primeros la fuerza educativa del
oratorio (o como quiera que se llame esta realidad de convivencia
juvenil) y del grupo.
- Una llamada a los adultos. De la investigación
surgió una fuerte llamada dirigida a los adultos;
a su presencia y a la función que pueden ejercer.
Hubo un tiempo en que el adulto tenía que pedir permiso
para que los jóvenes lo aceptasen; ahora es deseado
y esperado.
Pero algunas condiciones son perjudiciales y no nos permiten
una generalización indebida de esta exigencia. Son
apreciados los adultos que saben acoger, y expresan el significado
de su presencia no como una «revancha» ni como
nueva propuesta de viejos esquemas, sino como «testimonio»
(pobre... pero convencido) de la llamada a la responsabilidad
y de la restitución madura de protagonismo.
En otras palabras, emerge la necesidad de «hacer propuestas»
pero de un modo nuevo respecto de los modelos tradicionales.
- Escuchando a los jóvenes. La
investigación fue una experiencia agradable para
los jóvenes, sobre todo por la fórmula que
se utilizó «<narrarse» por medio de
la historia de la propia vida). Por tanto, no sólo
presenta una exigencia, muy señalada, sino que indica
también el camino para realizada.
La experiencia debe continuar en las comunidades eclesiales,
para restituir el protagonismo, narrando y narrándose.
Hay que decir que mucho de esto existe ya y hay mucho que
se va inventando con valentía, fantasía y
urgencia.
PERSPECTIVAS DE ACCIÓN
Una reflexión pastoral, como
ya dijimos, no se limita a constatar, sino que, bajo la
influencia de los hechos, procura preparar proyectos.
Las páginas siguientes responden a esta exigencia.
Son una especie de largo itinerario educativo hacia la invocación,
pensado bajo la urgencia de los desafíos que nos
presentan los hechos.
Esta propuesta no ha de interpretarse como un camino obligatorio,
que todos han de recorrer. Al contrario, se trata de una
indicación de ciertas preocupaciones educativas,
que cada comunidad tendrá que rescribir después,
si las comparte, a la medida de las necesidades concretas
de los jóvenes con los que trabaja y sobre los ritmos
con que pueda contar operativamente.
El hecho de querer trazar solamente un mapa de trabajo,
justifica la decisión de sugerir perspectivas y estrategias
de un estilo tan sintético que casi parecen un índice
razonado.
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