Misioneras del Santísimo Sacramento y
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LOS HECHOS: UNA RELECTURA DE LA REALIDAD

Una vez precisado el punto de vista, puedo echar una mirada sobre la realidad juvenil actual.

En el mundo juvenil de nuestros días ¿existen experiencias de invocación... explícitas o, por lo menos, de manera germinal? ¿Cuáles son los signos que la expresan? ¿Qué elementos la perturban?

El Instituto de Teología Pastoral de la Universidad Pontificia Salesiana ha llevado a cabo una investigación, a nivel nacional, respecto de la experiencia religiosa de los jóvenes italianos. El material ha sido publicado por la LDC (La experiencia religiosa de los jóvenes. Los datos, recogidos por M. Pollo, Turín, Leumann 1996). La revista Notas de pastoral juvenil, en el número de verano de 1996 (30/6), casi con antelación, presentó los principales resultados, releídos e interpretados por su coordinador, con una explícita preocupación educativa.

A este material me remito para dar una relectura mía de la realidad desde el punto de vista que estamos considerando.

'Quien lea la realidad prestando atención sobre todo a los comportamientos y actitudes que expresan los jóvenes en lo concreto de su vivir cotidiano, captará la existencia difusa de muchas señales interesantes, que, en su conjunto, impulsa a declarar la existencia de una fuerte experiencia de invocación. Por consiguiente, estoy convencido de que existen por lo menos los gérmenes de una intensa e inédita experiencia religiosa.

Recuerdo los signos que me parecen especialmente relevantes:

  • La centralidad personal de la práctica religiosa: aunque hay en la vida momentos especiales, se ha superado la dicotomía entre lo sagrado y lo profano;
  • el redescubrimiento de algunos textos bíblicos (varios salmos, páginas del evangelio...), como documentos importantes de referencia personal;
  • la innegable presencia fuerte de Dios (en diferentes grados) en la vida personal, a menudo percibido como amigo, padre misericordioso, fuente de esperanza, alguien con quien «hablar» y, tal vez, «litigar»;
  • Aunque la referencia a Jesucristo no siempre conduce hacia las auténticas exigencias teológicas, la referencia a su persona es frecuente, intensa, llena de influjo en la vida personal;
  • por lo que respecta a la Iglesia las esperanzas son diferentes, a pesar de que se sitúan principalmente en el plano relacional y de servicio al ser humano, el juicio negativo respecto de la institución se debe a las amplias expectativas que sobre ella se tienen;
  • La búsqueda de experiencias de oración, de fiesta, de silencio...;
  • La búsqueda de una relación original con la naturaleza, también por medio de experiencias estéticas;
  • Una confianza difusa hacia la vida, que se concreta en esperanza y compromiso: también el compromiso social y político se caracteriza por esta atención a la persona y a la vida (privilegiando especialmente la relación con los conocidos o con quienes viven en el mismo espacio territorial);
  • la confianza en las personas, más allá de frecuentes elementos de discriminación hasta reconocer en la relación con el otro un principio de transformación de la propia existencia;
    . la referencia a algunas personas, consideradas como significativas para la propia vida, de las cuales se espera una palabra acogedora y autorizada;
  • la llamada a la experiencia del dolor, e incluso a la muerte como inquietud, confrontación, miedo, esperanza;
  • de la consciencia de la propia limitación (que pasa a ser aceptación) nace un modo especial de relacionarse con Dios y surge una relación con los demás bajo el signo de la confrontación y la tolerancia;
  • la referencia al trabajo se orienta más hacia la dimensión de utilidad social, relación interpersonal, realización de sí mismo, que no a la ganancia o a la profesión;
  • la disponibilidad al trabajo en expresiones concretas aunque sean trabajosas (voluntariado...).

Frente a la radiografía de la actualidad es importante verificar cuáles son las condiciones que están en los orígenes de lo que se constata y las causas que lo desencadenan.

Sólo después de este reconocimiento es posible pasar a la fase proyectiva.

Reconozco la presencia de influjos (causas o condicionamientos) a tres niveles:

1. La influencia de la cultura actual. Es evidente el peso determinante de la cultura actual. El estilo con que los jóvenes viven su experiencia religiosa es señal evidente de los modelos culturales que existen; por eso viven una experiencia religiosa muy influida por el contexto.

Basta pensar en:

  • la mínima proyección de futuro que se traduce en presentismo y pragmatismo; el fuerte nivel de descristianización que impulsa a los jóvenes a vivir en un ambiente en que circulan modelos y valores muy apartados de las exigencias evangélicas;
  • la fragmentación cultural e institucional que invita al subjetivismo y a dar excesiva relevancia a lo privado y personal en contra de lo social y comunitario; la desinstitucionalización con el consiguiente recurso hacia mundos protegidos y vitales.

2. El influjo de la socialización religiosa. Las experiencias históricas de la vida muestran el influjo positivo y a veces también negativo de las entidades tradicionales de la socialización religiosa.

  • En general, parece poco relevante la experiencia de la catequesis; salvo raras excepciones, también la enseñanza escolar de la religión católica tiene escasa incidencia, en parte porque se expresa de acuerdo con modalidades bastante problemáticas;
  • En muchos jóvenes persiste el recuerdo de experiencias negativas vividas en momentos religiosos y eclesiales;
  • La reacción ante el modelo de Iglesia (comprendida sobre todo en su aspecto institucional) se resiente indudablemente del modo con que se habla (dentro y fuera) de la Iglesia y de muchas actividades eclesiales, todavía demasiado marcadas por los límites denunciados;
  • los motivos del compromiso ético se resienten notablemente de aquel modo de determinar el bien y el mal, lo lícito y lo prohibido, que da como única motivación el querer de Dios y de la Iglesia.

3. Una maduración concreta. Además, no podemos olvidar que las reacciones a ciertos modos de actuar, la toma de responsabilidad personal, la necesidad de expresar juicios y decisiones en los que la persona sea respetada en su propia autonomía... muestran un nivel interesante de maduración, y son como una lista de puntos que no tienen vuelta atrás.

Lo que viven los jóvenes, documentado por la investigación, no es simplemente un dato para tomar nota. Quien lo lee, partiendo de una mentalidad educa:

  • En general, parece poco relevante la experiencia de la catequesis;
  • Salvo raras excepciones, también la enseñanza escolar de la religión católica tiene escasa incidencia, en parte porque se expresa de acuerdo con modalidades bastante problemáticas;
  • En muchos jóvenes persiste el recuerdo de experiencias negativas vividas en momentos religiosos y eclesiales;
  • La reacción ante el modelo de Iglesia (comprendida sobre todo en su aspecto institucional) se resiente indudablemente del modo con que se habla (dentro y fuera) de la Iglesia y de muchas actividades eclesiales, todavía demasiado marcadas por los límites denunciados;
  • Los motivos del compromiso ético se resisten notablemente de aquel modo de determinar el bien y el mal, lo lícito y lo prohibido, que da como única motivación el querer de Dios y de la Iglesia.
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