“Amén, hijas mías,
lo que Dios quiere
y nada más”.
EL TESTIMONIO DE EMILIA
“Yo estoy resuelta, ayudada
de mi Madre Inmaculada,
a seguir a Jesús, monte arriba,
aunque mis pies manen sangre”.
EL TESTIMONIO DE MADRE AMADA
“Nuestra Venerada Madre era:
alegre
graciosa
pundonorosa,
y al propio tiempo reconocemos en ella
una humildad extraordinaria
un amor grande al recogimiento
un espíritu de oración
levantado
y una unión constante con Dios,
al que amaba con vehemente delirio.
Dueña de sí,
no era sentimental,
pero sí tierna y ardiente”.