9.-
Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres
Ambientación
Hoy, de manera especial, queremos que nuestra celebración
nos haga tornar la vista atrás y redescubrir
nuestra vocación. Como símbolo principal
sugerimos colocar el lema de la jornada con una
variante: << … ven conmigo y te haré
pescador de hombres.>> En los tres puntos
iniciales se iría cada uno de nuestros nombres.
Monición de entrada
Nos hemos reunido esta tarde para
sentirnos comunidad y orar por las vocaciones. Nuestra
sociedad necesita de jóvenes que escuchen
la voz de Dios que les llama a seguirle. Hacen falta
obreros, nuevos pescadores de hombres, que quieran
trabajar en la viña del Señor.
Nuestra actitud orante, esta noche,
ha de suscitar el deseo y la preocupación
por las vocaciones a la vida religiosa, sacerdotal,
misionera y laical. Unidos en una sola alma y un
solo corazón, dirijamos a Dios nuestra oración
confiada.
Himno - canto (Te damos gracias.
E.V. Mateu)
Salmos (del día o los propuestos
para la celebración)
Lectura evangélica (Mt 4,
18 - 22)
Caminando por la ribera del mar de
Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado
Pedro, y su hermano Andrés, echando la red
en el mar, pues eran pescadores, y les dice: "Venid
conmigo, y os haré pescadores de hombres."
Ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.
Siguió adelante y vio a otros
dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano
Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo
arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos,
al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.
Reflexión
"Un poco más adelante
vio a Santiago de Zebedeo y a su hermano Juan, que
estaban en la barca repasando las redes. Los llamó".
¿Por qué a ellos? ¿No había
otros pescadores por la ribera? Jesús llama
a cada uno de una manera personal. Lo importante
es estar siempre alerta, para que los ruidos parásitos
o la distracción no impidan escuchar la llamada
divina cuando llegue.
"Dejaron a su padre en la barca
con los jornaleros y se fueron con él".
Debió de ser un aldabonazo tremendo para
obtener esa reacción fulminante de abandonar
al Zebedeo padre por seguir al rabí Jesús.
Fue para los cuatro el comienzo de la gran aventura
-la cosa empezó en Galilea-, una aventura
que sigue todavía, dos mil años después,
y en la que estamos enrolados un millón de
religiosas y religiosos. ¿Cómo fue
tu llamada? Echa la vista atrás. ¿La
recuerdas?
Pero no hay que contentarse con el
sí inicial. Jesús puede invitarnos
a más altas cotas de seguimiento, cuyo techo
es ilimitado. ¿Lo hemos dejado todo -y a
nosotros mismos- para seguir a Jesús? He
ahí un reto permanente y una meta sublime.
(Folletos con Él. Teología y Biblia,
nº 166 - octubre 1997)
Preces
Llenos de alegría y gozo por
sentirnos llamados a la gran misión de anunciar
la Buena nueva a todos los hombres, dirijamos al
Padre nuestra oración confiada.
• Por los obispos, sacerdotes
y religiosos, para que sean auténtico testimonio
y ejemplo de vida para muchos jóvenes que
se sienten llamados por Cristo, a una vivencia más
radical del Evangelio, roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.
• Por los creyentes en Cristo,
para que vivan siempre el seguimiento de su Señor,
de tal manera que sean luz del mundo y sal de la
tierra, y, por medio de ellos, los hombres puedan
llegar al Padre, roguemos al Señor. Te rogamos,
óyenos.
• Por los jóvenes de
nuestros grupos y movimientos, para que, abiertos
a la luz de la Palabra de Jesús, se preparen
para ser servidores del pueblo que espera su mensaje
y testimonio, roguemos al Señor. Te rogamos,
óyenos.
• Por todos nosotros, para
que no quedemos indiferentes y anclados antes las
necesidades religiosas y espirituales de los hombres,
roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.
• Por todas las familias cristianas,
para que, a través de un ejemplo de vida
conforme al Evangelio, fortifiquen la fe de sus
hijos y favorezcan en ellos el deseo de imitar a
Cristo con fidelidad, roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.
Ayúdanos, Señor, en
nuestra tarea diaria, y haz que construyamos un
mundo que sea una verdadera casa familiar para todos
los hombres, en torno a la misma mesa y al mismo
pan que Tú nos ofreces. Te lo pedimos a ti,
que vives y reinas, por los siglos de los siglos.
Amén.
Padrenuestro
Elevemos al Padre eterno, sustento de toda vocación,
la oración que su hijo, Jesucristo, nos enseñó:
Padre nuestro…
Oración
Señor, Dios nuestro,
haz que el clamor de tu voz llegue a muchos
que se levanten y vivan unidos en ti.
Prepara sus corazones con tu palabra,
de modo que se dispongan a evangelizar a los pobres
y a cuidar de tu mies abundante.
Señor, que todos los llamados a la vida agustino
recoleta
escuchen tu voz y puedan cumplir tu voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.