Un camino echo con piedras o arena
preside la celebración. Puede haber algún
cartel indicativo que diga "Emaús".
También se puede colocar pan y vino en el
fondo del camino, pues la Eucaristía es uno
de los principales puntos en la meditación
de hoy. Junto al pan y el vino, una vela.
Durante la meditación puede
escucharse alguna música suave.
Monición de entrada
Nos reunimos para orar por las vocaciones.
Tendremos a la vista el pasaje de los discípulos
de Emaús. Tenemos que sentir la necesidad
de rogar para que este Jesús que se manifestó
glorioso en el camino, lo haga , también,
en los corazones de muchos jóvenes y en los
nuestros propios, para que continuemos la senda
por Él iniciada.
Himno - canto (Quédate, Señor.
C. Erdozain)
Salmos (del día o los propuestos
para la celebración)
Lectura evangélica (Lc 24,
30-32)
Aquel mismo día iban dos de
ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba
sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban
entre sí sobre todo lo que había pasado.
Mientras ellos conversaban y discutían, el
mismo Jesús se acercó y siguió
con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para
que no le conocieran.
Él les dijo: "¿De qué
discutís entre vosotros mientas vais andando?"
Ellos se pararon con aire entristecido.
Uno de ellos llamado Cleofás le respondió:
"¿Eres tú el único residente
en Jerusalén que no sabe las cosas que estos
días han pasado en ella?" Él
les dijo: "¿Qué cosas?"
Ellos le dijeron: "Lo de Jesús de Nazaret,
que fue un profeta poderoso en obras y palabras
delante de Dios y de todo el pueblo; cómo
nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron
a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos
que sería él el que iba a librar a
Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya
tres días desde que esto pasó. El
caso es que algunas mujeres de las nuestras nos
han sobresaltado, porque fueron de madrugada al
sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo
que hasta habían visto una aparición
de ángeles, que decían que él
vivía. Fueron también algunos de los
nuestros al sepulcro y los hallaron tal como las
mujeres habían dicho, pero a él no
le vieron.
Él les dijo: "¡Oh insensatos y
tardos de corazón para creer todo lo que
dijeron los profetas! ¿No era necesario que
el Cristo padeciera eso y entrara así en
su gloria?" Y, empezando por Moisés
y continuando por todos los profetas, les explicó
lo que había sobre él en todas las
Escrituras.
Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo
ademán de seguir adelante. Pero ellos le
forzaron diciéndole: "Quédate
con nosotros, porque atardece y el día ya
ha declinado." Y entró a quedarse con
ellos. Cuando se puso a la mesa con ellos, tomó
el pan, pronunció la bendición, lo
partió y se lo iba dando. Entonces se les
abrieron los ojos y le reconocieron, pero él
desapareció de su lado. Se dijeron una a
otro: "¿No estaba ardiendo nuestro corazón
dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino
y nos explicaba las Escrituras?"
Reflexión
La Eucaristía constituye el momento culminante
en el que Jesús, al darnos su Cuerpo inmolado
y su Sangre derramada por nuestra salvación,
descubre el misterio de su identidad e indica el
sentido de la vocación de cada creyente.
En efecto, el significado de la vida humana está
todo en aquel Cuerpo y en aquella Sangre, ya que
por ellos nos han venido la vida y la salvación.
Con ellos debe, de alguna manera, identificarse
la existencia misma de la persona, la cual se realiza
a sí misma en la medida en que sabe hacerse,
a su vez don para todos.
En la Eucaristía todo esto está misteriosamente
significado en el signo del pan y del vino, memorial
de la Pascua del Señor: el creyente que se
alimenta de aquel Cuerpo inmolado y de aquella Sangre
derramada recibe la fuerza de transformarse a su
vez en don. Como dice S. Agustín: “Sed
lo que recibís y recibid lo que sois”
(Discurso 272,1: En Pentecostés).
En el encuentro con la Eucaristía algunos
descubren sentirse llamados a ser ministros del
Altar, otros a contemplar la belleza y la profundidad
de este misterio, otros a encauzar la fuerza de
su amor hacia los pobres y débiles, y otros,
también a captar su poder transformador en
las realidades y en los gestos de la vida de cada
día. Cada creyente encuentra en la Eucaristía
no sólo la clave interpretativa de su propia
existencia sino el valor para realizarla, y construir
así, en la diversidad de los carismas y de
las vocaciones, el único Cuerpo de Cristo
en la historia.
En la narración de los discípulos
de Emaús (Lc.24,13-35) S. Lucas hace entrever
cuanto acaece en la vida del que vive de la Eucaristía.
Cuando “en el partir el pan” por parte
del “forastero” se abren los ojos de
los discípulos, ellos se dan cuanta que el
corazón les ardía en el pecho mientras
lo escuchaban explicar las Escrituras. En aquel
corazón que arde podemos ver la historia
y el descubrimiento de cada vocación, que
no es conmoción pasajera, sino percepción
cada vez más cierta y fuerte de que la Eucaristía
y la Pascua del Hijo serán cada vez más
la Eucaristía y la Pascua de sus discípulos.
(Mensaje del Santo Padre para la XXXVII Jornada
Mundial de Oración por las Vocaciones. 14
de mayo de 2000. La Eucaristía, fuente de
toda vocación y ministerio en la Iglesia.)
Preces
Llenos de alegría y gozo por
sentirnos llamados a la gran misión de anunciar
la Buena nueva a todos los hombres, dirijamos al
Padre nuestra oración confiada.
• Por las comunidades cristianas,
para que el Señor suscite en nuestros días
hombres y mujeres capaces de arriesgar su vida por
todos, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.
• Por el Papa, obispos, sacerdotes,
religiosos y religiosas, para que actúen
según la voluntad del Padre y sean fieles
a Dios y a todos los hombres, roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.
• Por todos los jóvenes,
para que estén dispuestos a arriesgar su
vida en la construcción del Reino de Dios
y emprendan el camino de su vocación con
decida generosidad, roguemos al Señor. Te
rogamos, óyenos.
• Por todas las familias, para
que sepan crear un clima cristiano adecuado a las
grandes decisiones de sus hijos, roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.
• Por nosotros, para que nuestra
testimonio de vida anime a muchos a abrazar la vida
religiosa o sacerdotal, roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.
Señor Jesús, que has
querido llamar a hermanos para que, siguiéndote
fielmente te hagas presente en ellos por medio de
la vivencia gozosa de su vocación. Escucha
la oración de tus humildes siervos, que hoy
también te piden la gracia de ser tus testigos,
a ejemplo de tu amor, en medio del mundo. Por Jesucristo,
nuestro Señor. Amén.
Padrenuestro
Elevemos al Padre eterno, sustento de toda vocación,
la oración que su hijo, Jesucristo, nos enseñó:
Padre nuestro…
Oración
Oh Jesús, Pastor de las almas,
que llamaste a los apóstoles
para hacerlos pescadores de hombres;
atrae hacia ti a jóvenes,
ardientes y generosos,
para hacerlos tus seguidores.
Hazlos partícipes
de tu redención universal.
Tú, que siempre estás
dispuesto
a interceder por nosotros,
descúbreles el inmenso campo de tu mies
en donde tantos piden
la luz de la verdad,
el calor del amor.
Haz que, respondiendo a tu llamada,
prolonguen en la tierra tu misión
y sean nuevos constructores
de este reino que esperamos:
de la gran familia que es la Iglesia. Amén.