3.-
Id, pues al Dueño de la mies y rogadle que
envíe obreros a su mies
Ambientación
Como símbolo central para
esta celebración sugerimos colocar un buen
número de velas, de las cuales sólo
algunas, pocas, estarán encendidas. El resto
estarán apagadas, simbolizando el gran número
de los que forman la mies y los pocos que se sienten
llamadas a pastorearla.
Para los momentos de meditación,
sugerimos acompañarla con música de
fondo.
Monición de entrada
La vocación es un misterio
grande de fe. Es Dios Padre el que llama todas las
cosas a la existencia, toda criatura viviente a
la vida, todo ser espiritual al conocimiento y al
amor que nos ofrece.
Él llama a todos los hombres
para dominar y completar la creación. Pero
a algunos les ha llamado en especial para que le
sigan y sean obreros que trabajen su mies. Es el
Espíritu del Padre y de Jesús el que
continúa haciendo que se oigan en la intimidad
de cada uno las llamadas más personales.
En este tiempo de gracia y conversión,
sentimos la voz de Dios que nos llama y quiere llamar
a otros. Oremos hoy juntos por las vocaciones.
Himno - canto (Id y enseñad.
C. Gabarain)
Salmos (del día o los propuestos
para la celebración)
Lectura evangélica (Mt 20
1, 7)
Y Jesús recorría todas las ciudades
y los pueblos, enseñando en sus sinagogas,
proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda
enfermedad y toda dolencia.
Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión
por ella, porque estaban vejados y abatidos como
ovejas sin pastor. Entonces dice a sus discípulos:
"La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad,
pues, el Dueño de la mies que envíe
obreros a su mies."
Reflexión
Loable cosa es que el hombre, en cualquier tiempo,
se convierta a Dios […]; mas no sé
qué razón sufre dar al mundo la flor
de la edad y a Dios la hez de la senectud […]
Luego bien nos ha dicho Jeremías que es cosa
buena, santa y muy acertada servir a Dios no esperando
a la vejez, […] sino con tiempo, en la niñez,
ensayándonos y ejercitándonos en el
servicio de tan soberano Señor. El cual,
viniendo al mundo y haciéndose hombre por
los hombres, no empleó en nuestro servicio
y remedio el último día o postrero
año, antes toda su vida nos dio: la niñez,
mocedad y edad perfecta, hasta que murió,
en redimirnos la empleó. Diósenos
niño para que le sirvamos desde niños,
y ofreciósenos mancebo para que nuestra mocedad
en sus alabanzas se gaste; finalmente, de treinta
y tres años se ofreció en la cruz,
para que, siendo adultos, nosotros nos empleemos
siempre en le amar, servir y alabar.
No sabría yo, hermano en Cristo, decir, ni
bastaría mi lengua declarar, el gozo que
mi alma siente al saber que te ha llamado el Señor
a la religión en tan tierna edad […],
ordenando tu vida conforme a la Regla de nuestro
padre san Agustín […] Mucho deben los
que son llamados al mediodía, que es en el
medio de su edad; también son deudores al
dador de los bienes y tesoros del alma, nuestro
Dios, los que a la undécima, allá
en su vejez, convierte para sí; mas una manera
de deuda nueva tienen los que son llamados a la
prima, luego en el mañana de su mocedad,
para que más trabajen en la viña de
la Iglesia de Dios y vergel de la religión.
No ha sido ésta sabiduría tuya, sino
encaminada del cielo. (Ep. Rel.: II 458b-459b)
Feliz y bienaventurado el religioso que […]
puede decir con la palabra y el corazón aquello
del profeta: El Señor me abrió y no
me resistí, no me volví atrás.
En verdad, ninguna otra voz pudo abrir nuestro oído
para que, siguiendo las huellas de los apóstoles,
abrazásemos gustosamente la vida religiosa,
sino aquella que con tanta fuerza encarece el profeta,
cuando dice: La voz del Señor en poder, la
voz del Señor en magnificencia. ¡Oh,
qué gran poder y cuánta fuerza hay
contenida en aquella voz de Jesucristo: Si quieres
ser perfecto ve, vende todo lo que tienes, dalo
a los pobres y sígueme ! […] Esta voz
del Señor con poder fue tan eficaz que, abandonadas
las riquezas, los padres y los honores, hizo a los
que afluyeron a los monasterios vivir en el áspero
desierto y en la mayor soledad.
(Alonso de Orozco, Antología de sus obras.
Editores: Fundación universitaria española
- Universidad Pontificia de Salamanca. Madrid 1991.B.
comb. 2, 5, 157-159)
Preces
Llenos de alegría y gozo por
sentirnos llamados a la gran misión de anunciar
la Buena nueva a todos los hombres, dirijamos al
Padre nuestra oración confiada.
• Para que los pastores de
la Iglesia y demás personas consagradas,
vivan con gozo, fidelidad y perseverancia su vocación,
roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.
• Para que las familias cristianas
no sean obstáculo para la vocación
consagrada de sus hijos, sino que, al contrario,
viviendo la fe con autenticidad y creando un clima
de oración, faciliten a sus miembros la acogida
de la llamada de Dios, roguemos al Señor.
Te rogamos, óyenos.
• Para que todos los que se
formar en nuestros seminarios y noviciados respondan
con generosa responsabilidad a la llamada y se preparen
adecuadamente para el ejercicio de su misión,
roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.
• Para que todos nosotros,
comunidad cristiana, tomemos conciencia de que la
vocación es fruto de la gracia y oremos insistentemente
al Señor pidiendo la abundancia de vocaciones
que la Iglesia necesita, recordando hoy, especialmente,
las vocaciones a la vida agustino recoleta, roguemos
al Señor. Te rogamos, óyenos
Te pedimos, Señor, que sigas
favoreciendo y enriqueciendo a tu Iglesia con los
dones de tus vocaciones. Te pedimos que sean muchos
los que escuchen y respondan generosamente a tu
llamada, para que pueda tu Iglesia alegrarse con
su entrega fiel y perseverante. Por Jesucristo,
nuestro Señor. Amén.
Padrenuestro
Elevemos al Padre eterno, sustento de toda vocación,
la oración que su hijo, Jesucristo, nos enseñó:
Padre nuestro…
Oración
Señor, hoy también
hay
un inmenso gentío que camina maltrecho
y como ovejas sin pastor.
Hoy también la mies es mucha
y pocos los obreros.
Tú, que nos dijiste
que en esos momentos rogáramos al Dueño
para que enviase obreros a su mies,
escucha nuestra oración.
Te pedimos por todos
los que entregan su vida
para propagar tu Evangelio.
Confórtalos con tu Espíritu.
Anímalos en su duro trabajo.
Dales fuerza
para seguir predicando tu verdad.
Haz que su doctrina y testimonio
sean semilla de ideales nobles
en los jóvenes,
de inocencia en los niños,
de bendición en las familias,
de paz en las naciones,
de amor y esperanza en todos.
Suscita corazones generosos
que, siguiendo su ejemplo y entrega,
hagan realidad
la venida de tu Reino a nosotros. Amén.
Canto a María: Hoy te quiero
cantar. C. Gabarazain.