Virgen María, humilde hija
del Altísimo,
en ti se ha cumplido de modo admirable
el misterio de la divina llamada.
Tú eres la imagen de lo que Dios cumple
en quien a Él se confía;
en ti la libertad del Creador
ha exaltado la libertad de la criatura.
Aquel que es nacido en tu seno
ha reunido en un solo querer la libertad salvífica
de Dios y la adhesión obediente del hombre.
Gracias a Ti, la llamada de Dios se salda definitivamente
con la respuesta del hombre- Dios. Tu, primicia
de una vida nueva, protégenos a todos nosotros
en el “SI” generoso del gozo y del amor.
Santa María, Madre de cada llamado,
haz que los creyentes tengan la fuerza
de responder con ánimo generoso al llamamiento
divino y sean alegres testimonios del amor hacia
Dios y hacia el prójimo.
Joven hija de Sión, Estrella de la mañana,
que guías los pasos de la humanidad hacia
el porvenir,
orienta a la juventud del nuevo Milenio
hacia Aquel que es “la luz verdadera
que ilumina a todo hombre”.
Amén.