Esta edad en
que estoy, Señor,
abierto a la vida de par en par,
abierto, sin saber el camino, ni la meta,
abierto y con miedo a caminar.
Esta edad, que es mi edad, la que Tú me diste.
Esta edad que yo vivo en encrucijada.
Esta edad en primavera con la que juego tantas veces
a lo loco.
Yo me aferro, Señor, con mis
problemas, y me duelen las cosas cada día.
Vivo como quien nace a una vida nueva;
vivo como quien no quiere vivir como antes;
vivo como quien busca la luz y la libertad;
vivo como quien busca el amor y la verdad;
vivo como quien quiere crecer y llegar a ser hombre
sin tomarse en serio la vida.
Mi edad, Señor, es la edad
de buscar el camino;
mi edad, Señor, es la edad de la vocación,
de orientarse en la vida.
Tú me llamas y yo escucho tu voz;
Tú me llamas y también el mundo;
Tú me llamas
y tu voz y otras voces porfían por mi vida
que nace de nuevo.
Yo quisiera la cumbre y el vuelo
alto;
yo quisiera el dominio y el riesgo de la vida;
yo quisiera buscar el norte de mi vida y seguir,
paso a paso, hasta la meta.
Tú me llamas, ¿qué me pides?
Tú me llamas, ¿por qué a mi?
¿qué tiene que ver mi vida contigo?
¿Te intereso?
¿vale la pena que Tú te intereses
por mi?
Amo la vida, ésta que tengo;
amo la vida y quiero vivir.
Siento mi cabeza muchas tardes, rota de tensión
y otras muchas, vacía.
Soy yo mismo que no encuentro, ni me encuentro.
Soy yo mismo que quiero una respuesta a mi vida,
respuesta que no doy .
Señor, que tu luz marque mi vida,
que yo sepa el camino que tengo que abrir,
que tu fuerza empuje mi vida y la gaste en servicio
a los hombres.
No quiero ser ave de paso, que pasa sin dejar rastro
ni estela.
No quiero ser juguete de la vida, ni capricho de
las cosas.
Quiero dejar huella de mi paso,
que alguien por mi un día sea mejor.
Aquí estoy, Señor, con esta edad que
Tú me diste,
abierto el corazón de par en par a tu llamada.
Aquí estoy, en una edad de vacaciones, buscando
el rumbo.
Pide sin miedo,
Señor, que estoy pronto a responder a tu
llamada. ¿QUÉ QUIERES DE MI?