¡Señor Creador y Redentor!
Tú, que estás presente e invisible
en el instante de nuestro primer palpitar, y cuando
el agua santa limpia lo más íntimo
de nuestra naturaleza pecadora, y en todos los momentos
de nuestro agitado vivir hoy, sal a mi encuentro
y al encuentro de cada hombre, y señala,
con la luz de tu presencia percibida, cuál
sea nuestro servicio dentro de la Iglesia y de la
comunidad de los hombres, para que, empujados por
tu gracia, cumplamos todos y cada uno con nuestra
vocación. Señor Creador y Redentor,
escucha nuestra plegaria. Amén.