Oh Dios, que
admitís a los hombres al incomparable honor
de asociarlos a Cristo en la obra de la salvación
de las almas; dignaos, os suplicamos, multiplicar
entre nosotros las vocaciones y las almas verdaderamente
apostólicas. Ensanchad vuestra mirada y dilatad
nuestros corazones, para que, por encima de intereses
y ambiciones terrenas, aspiremos a triunfos superiores
a los de la fuerza, para contribuir todos de esta
manera, según nuestros medios, a la extensión
del Reino de Jesucristo. Amén.