Jesús tengo ganas de ser amigo
tuyo, muchas ganas.
¿Me admitirás en tu compañía?
Quiero conocerte por dentro, íntimamente,
para admirarte y copiarte.
Copiarte he dicho, sí, porque aspiro a ser
una copia tuya,
la más perfecta posible, sin dejar de ser
yo mismo.
Además quiero pasar contigo largos ratos:
mirarte, contemplarte, escucharte, hablarte
con los evangelios en la mano,
que siempre tienen algo inesperado y nuevo.
Y quiero comprometerme.
Sí; comprometerme contigo en todas las zonas
de mi vida,
en casa y en la calle, en el trabajo y en los estudios,
con los amigos y en las diversiones:
definirme y luchar en todas partes
por los valores de tu evangelio,
la justicia y la fe, la solidaridad y la libertad,
la paz.
Tendré que esforzarme muchísimo, lo
sé,
contra tantas fuerzas exteriores e interiores
que me arrastran por otros derroteros.
¿Puedes echarme una mano, cariñosa
y fuere?
Lo necesito, te necesito.
Porque yo quiero, quiero de verdad,
ser tu amigo, conocerte, estar contigo. comprometerme
y hacerme como Tú, una buena copia tuya.
Échame una mano, vamos,
y ahí va la mía, abierta, entera y
deseosa.