Dios mío,
Aquí están tus pequeñísimas
Misioneras, anonadadas de tanta bondad y misericordia
como con nosotras tienes.
En medios de tanta tormenta y deshecha tempestad
como casi de continuo nos rodea, salvas esta débil
barquilla; sólo tuya es la gloria.
Hoy, al celebrar los 110 años de vida que
nos has concedido, levantamos nuestros corazones
a Ti, mi Jesús, a Ti, purísima y consoladora
Madre, ¡gracias, millones de veces, gracias!
Señor, recibe este montoncito de nadas que
con alma, vida y corazón, se entregan una
vez más a Ti.
Nada queremos, nada pedimos, más que a Ti
mismo, Señor, y la protección de María…
Guía, dulcísimo Jesús, tu Instituto
todo entero y seguras de tan divino Piloto, caminamos
en paz y pedimos Tu bendición para la Iglesia,
para el mundo entero, para la Congregación.
AMÉN.